A sunken structure seen through a viewport with fish in the foreground

La preocupación

¿La Visita en Submarino Provoca Claustrofobia? Una Respuesta Sincera

Puntos clave

  • Y eso es justo lo contrario de lo que hace que un espacio parezca cerrado.
  • La cabina nunca abandona una atmósfera de presión, así que su cuerpo no percibe ningún cambio.
  • Una sala luminosa con un pasillo, no un angosto espacio lleno de tuberías.
  • No puede salir a mitad de la inmersión, y ese es el aspecto que conviene tener claro.

La pregunta más frecuente sobre cualquier submarino

Surge antes que las preguntas sobre la profundidad, la vida marina o cualquier otra cosa. La gente se imagina encerrada en un tubo metálico bajo cien pies de agua y, con toda lógica, quiere saber qué se siente.

Para la inmensa mayoría de los pasajeros, la respuesta es que no se parece en absoluto a lo que imaginaban, y hay razones concretas para ello, más allá de cualquier intento de tranquilizarles.

También conviene separar dos preocupaciones distintas que suelen recibir el mismo nombre: no querer estar en un espacio pequeño y no querer estar en un lugar del que no puede salir. Esta embarcación resuelve muy bien la primera, pero no la segunda, y saber cuál de las dos le preocupa le permitirá decidir con facilidad.

Por qué el espacio no parece pequeño

La claustrofobia suele desencadenarse por señales visuales y espaciales: estar encerrado sin una línea de visión hacia el exterior, techos bajos, paredes muy cerca por varios lados y poca luz.

La cabina elimina casi todas esas señales. Cada asiento está orientado hacia una gran ventanilla redonda, de modo que todos los pasajeros tienen vistas al mar abierto y, a esta profundidad, a la luz del día. No es un ojo de buey por el que asomarse, sino una ventana situada directamente delante de usted durante toda la inmersión.

Los asientos están colocados espalda contra espalda a lo largo del centro, lo que significa que nadie queda encajonado entre otras personas ni tiene una pared enfrente. El pasillo está despejado. La iluminación es intensa y blanca, no tenue y roja. El techo es más alto de lo que permite imaginar la imagen mental de un submarino.

La reacción más habitual al bajar por la escalera es que el espacio resulta más amplio de lo esperado, y quienes llegan preparados para sentir nervios suelen olvidarse de estarlo.

The depth display reading 102 feet beside the PORT sign in the cabin

Luz diurna a través de una ventanilla a profundidad

La ausencia de señales físicas

Esta es la otra mitad de la explicación, y resulta menos evidente.

En la mayoría de las situaciones que provocan ansiedad por estar encerrado hay una señal corporal que la refuerza: presión en los oídos en un ascensor o un avión, calor, aire cargado o sensación de movimiento. Esas señales indican al sistema nervioso que está ocurriendo algo inusual, y la mente les da una interpretación.

Aquí no hay ninguna. La presión de la cabina nunca se aleja de una atmósfera, independientemente de la profundidad que alcance el casco, así que sus oídos no perciben nada. El aire está acondicionado y es seco, no cálido ni cargado. El movimiento es lento y suave, y una vez sumergido no hay ningún movimiento de oleaje, lo que hace que el submarino esté mucho más quieto que el barco que le ha llevado hasta allí.

El resultado es que sus sentidos le indican que está sentado en una sala fresca y luminosa, mientras sus ojos le muestran un pecio al otro lado de la ventana. Es mucho más probable que esa combinación produzca entusiasmo que pánico.

El aspecto que conviene tener claro

Es una embarcación sellada, mar adentro, y no se puede salir de ella a mitad de la inmersión.

Para alguien con claustrofobia grave diagnosticada, ese es el dato importante, y ninguna cantidad de ventanillas cambia esa realidad. Si lo que no puede tolerar es la imposibilidad de salir, y no el tamaño de la sala, esta excursión incluye esa limitación de forma inevitable.

La inmersión es corta: la parte en submarino ocupa la sección central de una hora y tres cuartos, lo que ayuda. Pero no dura solo unos minutos.

Si de verdad no está seguro, lo más sensato es hablar con el operador antes de reservar. Es una pregunta que les hacen constantemente; conocen su propia embarcación y preferirían mucho más responderla antes de que usted reserve.

1 atm

La cabina nunca abandona la presión de la superficie, así que no hay que compensar la presión, ni chasquidos en los oídos ni ninguna señal corporal de que esté ocurriendo algo fuera de lo normal.

Si ese día le sigue preocupando

Dígaselo de inmediato y en voz alta a un miembro de la tripulación. Están preparados para ello, ya les ha ocurrido antes y nadie le dará importancia.

Todas las medidas prácticas que ayudan están a su disposición. Mire por la ventana en lugar de hacerlo alrededor de la cabina, porque lo que realmente marca la diferencia es la vista. Respire más despacio de forma deliberada. Hable con quien le acompañe. Hágale una pregunta al comentarista; es una manera sorprendentemente eficaz de desviar la atención.

Si de verdad lo necesita, pregunte si es posible salir a la superficie. Cualquier decisión sobre la inmersión corresponde al piloto y depende de dónde se encuentre la embarcación y de qué más esté ocurriendo; la tripulación le dirá qué es posible.

Lo que no debe hacer es soportarlo en silencio. Una breve conversación al principio es mucho mejor que pasar una hora aguantando en silencio, y todos a bordo preferirían que usted eligiera la primera opción.

Lo que la gente cuenta realmente

El comentario más habitual de los pasajeros que estaban preocupados de antemano es alguna versión de la sorpresa: que era más grande de lo esperado, que se olvidaron de estar nerviosos o que la ventanilla marcó toda la diferencia.

El segundo comentario más habitual tiene que ver con la quietud. Quienes se preparaban para una experiencia claustrofóbica suelen descubrir que la parte sumergida del viaje es la más tranquila y bastante más calmada que el trayecto en barco de ida.

Y muchas personas que nunca bucearían, jamás practicarían esnórquel y no se sienten cómodas en aguas abiertas hacen esto precisamente porque elimina todo lo que les asusta del mar y conserva lo que quieren ver. Para ese grupo, la embarcación no es el obstáculo. Es el objetivo de toda la experiencia.

Una ventanilla en cada asiento y nada le pasa a los oídos

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Antes de reservar

¿Es claustrofóbico?
Para la mayoría, considerablemente menos de lo que esperaba. Todos los asientos están orientados hacia una gran ventanilla con vistas al mar abierto y a la luz del día.
¿Qué sensación produce estar encerrado?
Como una habitación luminosa con aire acondicionado y un pasillo, no como el tubo lleno de tuberías que la gente imagina.
¿Se puede ver el exterior durante todo el trayecto?
Sí. Los asientos están orientados hacia el exterior y nadie se sienta en un asiento interior.
¿Me dolerán los oídos?
No. La cabina se mantiene a una atmósfera a cualquier profundidad, así que no hay ningún cambio de presión.
¿Y si entro en pánico?
Dígaselo de inmediato a un miembro de la tripulación. Están preparados para ello y es mucho mejor que soportarlo en silencio.
¿Puede el submarino salir a la superficie antes de tiempo?
Cualquier decisión de ese tipo corresponde al piloto y depende de las circunstancias. Pregunte a la tripulación qué es posible.
¿Hay baño?
No, y esa es otra razón por la que la inmersión es breve. Utilice los servicios del muelle.
¿Debería reservar si tengo claustrofobia diagnosticada?
Hable primero con el operador. Es una embarcación cerrada de la que no se puede salir durante la inmersión, y ese hecho no se puede cambiar.

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